Al eufemismo lo utilizan otros en beneficio propio, y a cambio le dejan el descrédito. Un eufemismo es una palabra o frase que se utiliza para reemplazar a otra considerada vulgar, insultante o de mal gusto.

No estoy disponible, decimos, lo que quiere señalar que en ese momento nos estamos dedicando a tareas que nos parecen mucho más importantes que atender a alguien.

Sin embargo, el eufemismo no me preocupa. Es el lenguaje oficial, el del marketing y de las ruedas de prensa, el que no deja de sorprenderme. Porque no solo maquilla un hecho, sino que le hace una cirugía estética completa. Como las famosas ‘reducciones de personal’, ‘optimizaciones de recursos’, o ‘gastos operativos’.

El eufemismo intenta cubrir la realidad con un bienintencionado aunque innecesario y estorboso velo sobre la realidad. El doble discurso la sepulta bajo tres metros de tierra.

Pero claro, vivimos en una época de gente sincera, y el eufemismo no puede pasar. Ignorémoslo. Perfeccionemos, eso sí, el doble discurso.

A veces hacemos algo más. Cuando queremos pasarnos de listos, o fastidiar a alguien, nos ponemos creativos y cambiamos una palabra que nos parece demasiado blanda por otra que se acomode a nuestros propósitos, sean del tipo sádico o humorístico. Eso, según me han dicho, es un disfemismo.

Así, alguien puede fácilmente ascender en la vida, aprovechar sus oportunidades, escalar posiciones, ser un maldito arribista, pisotear a sus compañeros  o pegarle al gordo, sin haber hecho más que cambiar de rango, y con mejor sueldo.

Hagamos un ejercicio. Voy a dejar sueltas unas cuantas palabras, digamos que neutrales (inofensivas, imparciales), y ustedes escogen una, y deciden si tienen potencial en el campo del eufemismo, del doble discurso, o del disfemismo.

depresión – aburrimiento - franqueza – hilaridad – sometimiento