Es día de ventas. Avanzar por la calle es cosa de guerra. Larian aprieta su bolso de viaje con fuerza. El ruido ahuyenta en segundos el recuerdo de días de duda y silencio. Es casi el fin. Lo llenan el cansancio y el alivio. Está por entrar a un callejón, cuando el bloque de gente delante suyo se agita y se divide.
Por el centro de la calle viene un vehículo. Es lento, pero rueda. Hay petróleo ahí dentro. Larian observa al soldado detrás del parabrisas, y su corazón sonríe.
Días. No, horas, y en esta calle no quedará nadie.

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